Ingredientes:
– ½ kg de setas
– ½ cebolla grande picada finamente
– Dos ajos de buen tamaño, bien picaditos
– Dos ramas de epazote, picadas con todo y el tallo (de no estar demasiado duro y fibroso)
– 1 o 2 chiles chipotles y su jugo
– Aceite de oliva
– Agua simple: como un litro, poco más, poco menos. (Puede usarse caldo de pollo, si se desea)
– Pimienta, sal
Toppings:
II. Pechuga deshebrada cocida, al gusto. (Yo prefiero esta sopa sin pollo; desde pequeña siento algo raro en el corazón cuando consumo animales)
II. Queso Oaxaca o panela (de cabra o brie para hacerla más gourmet)
II. Tiritas de tortilla de menos de medio centímetro de ancho por 5 o 7 cm de largo (fritas, horneadas, hechas en casa o compradas. Lo importante es que sea maíz, que venga en tiras y que sea crocante)
II. Gotas de limón (al gusto)
Preparación:
1. Escoger una linda olla sopera pero que tenga tapa (si es de barro, mucho mejor).
2. Encender el fuego.
3. Poner la olla a fuego medio, medio–alto, ya con el aceite de oliva de tu elección, la cantidad suficiente para sofreír.
4. Sofreír cebolla, ajos y epazote hasta que estén bien dorados.
5. En lo que esto ocurre, lavar amorosamente las setas, sin jabón, solo frotándolas suavecito con los dedos, para no dañarlas y retirar toda la tierra que se hubiera acumulado en sus pies.
6. Secar y cortar las setas en rebanadas muy muy delgadas (2 mm).
7. Incorporarlas a la olla y, con una pala de madera, integrar todos los ingredientes rítmicamente al tiempo que les cantas una canción pegajosa.
Si le hablas a la comida mientras la preparas y le dices lo que significa para ti, se pondrá feliz.
Ella sabrá que nació para nutrirte.
Aprovecho siempre para agradecer su belleza, la maravilla de que haya llegado a mi mesa superando tantísimos retos.
La bendigo.
8. Una vez que las setas hayan soltado sus jugos y compartido espacio y aroma con la cebolla, el ajo y el epazote, condimenta con un poco de sal y pimienta (solo un poco, como para irlos enamorando).
Permíteles conocerse un poco más.
Recuerda no solo usar las hojitas del epazote, incluye su tallo: hueco, acanalado, de finas estrías.
9. Agrega el agua.
Las setas se reducirán, pues son casi pura agua; entonces, ponles poco menos del litro de agua y déjalas hervir a fuego lento.
¡Cómo me chocan esas sopas, en las que aparecen en suspensión solo tres julianas!
Yo adoro la exuberancia, la grandilocuencia en todas sus formas. Por eso, me gusta ponerle solo el agua necesaria para que en una sola cucharada sopera, nade una seta entera.
10. Destapa rápidamente la olla y sazona con un poco más de pimienta y sal.
Te recomiendo ir leve con la sal, porque esta obra de arte deberá reducirse, y no querrás que se sale.
11. Aquí la paciencia hará su magia.
Escúchalos platicar.
Toma la palita y mueve.
12. Pasados unos 15 minutos, ve y asómate a la olla.
Espera, no abras los ojos todavía.
Acércate y deja que el aroma te alcance.
Abre los ojos.
Elige el chipotle.
No, ese no. ¡Uno más grande!
Ese mero.
13. Añade el chipotle a la sopa.
14. Ahora, ponle más agua.
Yo creo que el resto del litro y un poco más, ¿no?
Sí, otro poquito más.
15. Ahora vierte un chorrito del jugo de los chipotles.
Si quieres, ponle más, eso ya depende de qué tan picoso lo quieras.
16. Déjala un rato más.
No sabes el toquesazo que le dará ese chilito. La sopa ya estaba buena, pero con el chipotle…
17. Que hierva otros 5 minutos. Cuando notes que el caldo ya está rojizo y que el agua se ha reducido… allí estará en su punto.
Ahora sí, apágala.
No la muevas.
No la destapes.
Vamos, ni siquiera la veas.
Mi abuelita decía que si te le quedas viendo a la comida, así no más, papando moscas, entonces no sabrá a nada.
18. Permite que repose un rato más (otros 4-5 minutos estará muy bien)
Busca un plato hondo. Te recomiendo mucho uno pozolero o, de plano, mejor un bowl.
Toma un cucharón.
19. Revuelve la sopa y sirve. Añade los toppings al gusto.
Una.
Dos.
Tres.
Las que le quepan a tu plato.
Sé abundante.
Te lo mereces todo.
Ponle el pollito.
Ahora el quesito.
Luego las tiritas.
¿Limoncito?
Busca una cuchara sopera.
Toma una servilleta.
Acomodo la toalla que recoge y seca mi pelo.
Ajusto el nudo de la bata que protege mi desnudez.
Con la sopa de setas en la mano, camino a mi lugar favorito.
Descalza. Balanceo los pies.
Estoy conmigo.
Veo desde aquí la montaña.
Una cucharada.
Agradezco profundamente este momento.
Observo y siento con conciencia.
Otra.
El cielo es de un plúmbago irreal a esto de las seis.
La siguiente.
El viento mece y sacude los pastos altos aledaños.
Pastos bicolores cuyo movimiento y sonido me inducen a la contemplación.
La última.
Octubre 15, 2025.
Año 9.
Irrepetible instante. Consuelo y paz.
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